Planteles masivos no logran cumplir el distanciamiento

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Los planteles públicos tradicionales con población numerosa afrontan más desafíos en el retorno obligatorio. No ampliaron las infraestructuras para cumplir con el distanciamiento por falta de ­recursos y solo adaptaron medidas sanitarias.

En ese contexto, los alumnos están regresando a los mismos espacios donde, antes de la pandemia por el covid-19, ya pasaban aglomerados. Esto ocurre en los colegios tradicionales de Quito, Guayaquil, Cuenca, Ambato y Loja,
que tienen más de 35 estudiantes por aula.

El Plan Institucional de Continuidad Educativa (PICE) del Ministerio de Educación señala que se debe respetar el distanciamiento físico de 1,5 a 2 metros entre cada persona.

Si eso se cumple, cada aula para 35 alumnos debería tener 78 m² y eso no ocurre en los planteles públicos del país, dice Rubén Lema, presidente de la Unión de Educadores del Azuay. “El Ministerio de Educación (ME) no ha invertido en ampliaciones”.

El Colegio Daniel Córdova Toral, de Cuenca, acoge hasta 30 estudiantes y las aulas son de 50 m². En algunas salas, los pupitres están ordenados en filas uno tras otro, sin la distancia, y en otros amontonados para que entren todos.

Para Lema, en esos casos se debería dividir a los alumnos en dos aulas, pero los planteles sufren de falta de docentes y de espacio. Miguel Pesántez, coordinador de la Zonal 6 del ME, dice que no hay recursos para realizar adecuaciones.

El Colegio Daniel Córdova, de Cuenca, tiene 30 estudiantes por aula aproximadamente. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Su explicación es que como la mayoría de adolescentes está vacunada hay menos riesgos de contagio y por eso se dispuso el retorno presencial en las mismas condiciones.

Según el Vacunómetro del Ministerio de Salud Pública, el 80,3% de la población entre 12 y 17 años de edad recibió la primera dosis contra el covid-19 y el 53,3% la segunda, hasta el pasado viernes. De 5 a 11 años la cobertura alcanza el 58,89% con una dosis y 13,61% con ambas.

Entre Quito, Guayaquil y Cuenca hay más de 30 colegios tradicionales, que tienen más de 1 500 estudiantes cada uno. Algunos rectores dicen que con el retorno se han ajustado a lo que tienen, piden ayuda a comités de padres y solo trabajan con las medidas sanitarias.

Por ejemplo, han creado brigadas con los docentes para controlar las medidas sanitarias, ubicaron señalética e información de los protocolos sanitarios frente al virus, dividen las áreas comunales para el uso por niveles y alternan los horarios de recesos.

Pero no se realiza la desinfección diaria de las aulas porque no hay dinero para los productos, dijo la rectora de un plantel tradicional de Azuay, que pidió la reserva de su nombre. “Para 400 estudiantes necesitamos cinco litros de alcohol semanales y el ME no nos proporciona”.

El retorno a las aulas del Bachillerato Técnico y Rural en la Unidad Educativa Fiscal Ficoa, de Montalvo. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En el Colegio Técnico Simón Bolívar, de Guayaquil, cuando suena la campana los maestros cambian de salón. Antes de empezar la clase unos brigadistas de bioseguridad rocían alcohol sobre las manos de los estudiantes, que por ahora son pocos. En las aulas hay más de 40 pupitres y el aforo permitido es de 12 a 14 chicos. “El estudiante debe traer su alcohol en espray y la mascarilla”, dice el rector, Claudio Chong.

Conservar el distanciamiento, no tocarse la mascarilla y el lavado continuo de manos son algunos de los mensajes que están colgados en las paredes de los pasillos de esta institución emblemática de 1 100 estudiantes.

Las clases presenciales se desarrollan en horarios escalonados, por grupos y en días diferenciados para cumplir con las horas pedagógicas. El ingreso es a las 07:00, unos salen a las 11:50 y otros a las 12:50. Los recreos también son diferenciados. Pero en los talleres es más difícil guardar la distancia. La flexibilidad de horarios y espacios, las medidas de bioseguridad y la vacunación favorecen al retorno, sostuvo Diana Castellanos, subsecretaria de la Zonal 8, que incluye Guayaquil, Durán y Samborondón.

Aunque en los escritorios de los maestros hay frascos con alcohol y las ventanas permanecen abiertas, el regreso también preocupa a madres como Juana Herrera. Ella cree que debieron volver en 2022, porque ahora hay aumento de contagios. Mientras tanto, en el Colegio Técnico Yaruquí, de Pichincha, también los maestros se encargan de vigilar que los 2 240 estudiantes usen la mascarilla, explica el rector, Alfonso Montenegro.

Ante el aparecimiento de la nueva variante Ómicron en el mundo , el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional se reunirá este lunes 29 de noviembre para analizar las medidas que tomará el país, así lo anunció el titular del organismo, Juan Zapata.

Fuente: El Comercio

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